Rafting en Río Cahabón 24, 25 y 26/07/2009

Amanecía con un cielo nublado y estábamos a punto de arribar a nuestro primer destino, el municipio de Lanquín, Alta Verapaz. Luego de un rápido desayuno nos encontrábamos ansiosos por navegar en los desafiantes rápidos del río Cahabón, una experiencia que muchos recordaremos por el resto de nuestras vidas…

 Las curvas, las pronunciadas subidas y bajadas, el lodo por las recientes lluvias y las piedras harían que fuera un camión nuestro transporte a los rápidos. Tras unos minutos de viaje por las exuberantes selvas de Alta Verapaz, nos encontrábamos a orillas del río Lanquín, donde empezaríamos nuestra travesía hacía los rápidos.

 A la llegada del río pudimos observar el equipo que utilizaríamos para dominar los intrépidos rápidos del río Cahabón. Balsas, chalecos salvavidas remos y cascos cubrían parte de la vegetación del lugar. Recibimos un curso teórico por uno de los guías, en donde nos explicaron los movimientos y posiciones que deberíamos tomar para navegar por los rápidos. “Todos hacia delante”, “Con fuerza”, serían algunas de las voces que se sumarian a los estruendosos sonidos de las corrientes al chocar con las piedras del río.

Formamos equipos de alrededor de 7 integrantes para abordar las balsas. Cada equipo contaba con un guía sentado en la parte de atrás, quien como el capitán de un barco, sería el responsable de guiar la balsa por las turbulentas aguas de los rápidos. Dos miembros del equipo sentados en la parte de delante de la balsa, serían los encargados de marcar el paso del remo. Luego de poner en práctica los comandos principales para navegar, nos encontrábamos más que preparados para iniciar nuestra aventura. “Todos los remos hacia arriba” sería la instrucción para celebrar la conquista de un rápido.

 Iniciábamos nuestra travesía en las balsas, con un cielo nublado se podía predecir la temperatura fría del agua. Hacía adelante y hacía atrás podía apreciarse la exuberante vegetación que rodea al río Lanquín, árboles que se extienden en un infinito manto verde hasta cubrir montañas en el horizonte. En medio de toda esta vegetación, podía verse el numeroso grupo de balsas que se disponían a conquistar los rápidos del río Cahabón. El agua de un sólido color verde oscuro hacia notar la profanidad del río, crecido sin duda alguna por las incontables lluvias de la temporada.

Luego de un poco tiempo de navegar, llegábamos al final del río Lanquín, a punto de ingresar a nuestro objetivo principal, el majestuoso río Cahabón. El punto de intersección de estos dos ríos llamado Los Encuentros, nos hizo remar con fuerza, por un lado la corriente del río Lankín que nos empujaba hacia unas piedras que emergían en el centro y por el otro la poderosa corriente del río Cahabón que corría en dirección casi perpendicular. A los pocos minutos, sin pena alguna,  nos encontrábamos ya navegando por las aguas del Cahabón.

Rápido tras rápido, cada uno de nosotros fue aprendiendo y perfeccionando los movimientos para desplazar la balsa por el río. A medio recorrido éramos ya un equipo dispuesto a enfrentar cualquier desafío en los rápidos más difíciles que estaban por venir.

Uno de los rápidos mas desafiantes fue el “Entonces”. El rápido que empezaba en una curva del el río, debía ser tomado en todo momento de frente para evitar que la balsa diera vuelta. Podía escucharse como el agua se estrella con fuerza contra las imponentes rocas del río. Debimos remar con fuerza para llevar la balsa en la dirección correcta y mantenernos estables. Al caer por las pequeñas cataratas que se forman en los desniveles del río, puede sentirse esa sensación de vacío por la aceleración de la caída. Entre tanta adrenalina es imposible sentir lo frío del agua que entra por delante de la balsa y que la levanta llevando la proa en dirección al cielo. Los remos quedan al aire y solo puede esperarse que la balsa tome su forma horizontal para seguir remando con fuerza y finalizar la conquista del rápido.

Un rápido más conquistado y listos para el siguiente. Un muy esperado almuerzo a orillas del río nos hizo llenarnos de las energías suficientes para seguir con nuestra aventura. Un rápido más, Las Tres Hermanas, serían la prueba máxima para terminar con nuestra travesía.

Tres rápidos seguidos formaban Las Tres Hermanas y no falto la balsa que diera vuelta y los integrantes de algún grupo que salieran disparados al agua por las fuertes corrientes de los rápidos. Las calmas aguas que seguían a continuación permitieron que los nadadores regresaran a sus balsas y que todas las balsas de la excursión se reorganizaran.

“Remos hacia arriba!” y Las Tres Hermanas fue el último desafío de la travesía. Una travesía que duró alrededor de siete horas en aproximadamente veinticinco kilómetros de recorrido, entre los ríos Cahabón y Lankín, y que sin duda alguna nos convirtió en verdaderos aventureros extremos.

Una noche acompañada por una suave lluvia, nos hizo caer en los sueños más profundos. Al día siguiente, nos encontrábamos preparados de nuevo para nuestra siguiente aventura, que sería sin  duda alguna, una recompensa por el reto del día anterior. Seriamos contempladores de una de las maravillas naturales más impresionantes de nuestro país y seguramente del mundo, la reserva natural de Semuc Champey.

Algunos de nosotros iniciamos la visita, subiendo al mirador de la  reserva. Un ascenso sin complicaciones para aquellos que en este viaje nos tomamos unas de vacaciones de la montaña. La vista desde el mirador es impresionante. Puede verse como cae el río Cahabón por lo alto de las montañas para entrar por debajo de las fosas de Semuc Champey para luego salir y seguir su recorrido por el este del país. Las fosas se encuentran en lo profundo de una estructura con forma de cañón, cubierta por extensa vegetación y con piedra caliza visible en algunas partes. Cientos de metros de altura desde la parte más alta del cañón hasta las pozas, forman un paisaje impresionante para todo aquel que aprecie la naturaleza.

Al bajar a las pozas, se puede apreciar de cerca como el río Cahabón ingresa al complejo de cuevas que se encuentran debajo de las pozas. Un espectáculo que sin duda alguna recuerda el inmenso poder de la naturaleza. Todo el río Cahabón es reducido a un caudal de unos pocos metros de longitud. El agua debe alcanzar velocidades realmente altas para que esto sea posible. La presión ejercida por la corriente contra las rocas se hace notar por el estruendo. Luego de este espectáculo se comprende el significado de Semuc Champey: “Donde el río se esconde bajo la tierra”.

No nos quedó más que darnos un baño en las pozas con fondo de piedra caliza que cubren al río Cahabón para terminar de disfrutar el maravilloso paisaje. Imágenes de un paisaje que no solo quedaron en nuestras cámaras, sino también como recuerdos de una experiencia única en la vida.