Volcanes Moyuta e Ixtepeque 15 y 16-8-2009
El Expreso de Oriente.
Subirse de nuevo al bus de la aventura. Mientras la mochila es colocada en la parrilla, uno ya está saludando a los amigos. Se continúa la marcha. Sube más gente en el camino. Una escala en una tienda de conveniencia de la gasolinera. Más saludos y abrazos ver de nuevo a Gandhy, Marvín, el Sosteniente, etc…Hasta que llega la persona a la que esperamos. En Barberena, en tanto unos compraban las típicas y deliciosas "tortillitas con chile relleno", otros a Campero a comprar que esto o que lo otro; luego rápido al bus, el cual arranca con la mayor de las calmas hasta que es necesario volver un poco, pues "un par de dos", las colochas, se había quedado admirando el paisaje.
En unos minutos ya estamos pasando junto al histórico puente de los Esclavos. La leyenda colonial le atribuye el mismo origen que a otras construcciones en Latinoamérica de esa época que habla de un pacto con el cachudo (como la iglesia de San Francisco en Quito, Ecuador). Otra versión cuenta que en realidad para su construcción se puso un impuesto a las botellas de vino y que de esta manera se lograron los fondos, también se dice que fue construido por esclavos, posiblemente xincas; Sea como fuere para muchos pasa casi inadvertido ese el puente con sus más de 4 siglos de antiguedad.
Seguimos por la ruta a Jalpatagua hasta Moyuta, cuyo nombre al parecer tiene origen en la voz náhuatl Moytl que significa Zancudos. La ciudad está al pie de un Estrato volcán el cual es nuestro destino, con una altitud de 1661.9601896msnm (y quien tenga dudas sobre las milésimas puede ir a medirlo). Tiene como característica ser el volcán con menor latitud de Guatemala.
Como es habitual, los pobladores del lugar miran con curiosidad al grupo donde predomina el color naranja. Siguiendo el protocolo, se bajan las mochilas, se trata de hacer caber un poco de todo en una mochilita o una riñonera, y cuando ya hemos empezado la marcha recordaremos "a la gran... no traje el nosequé". Se dan las instrucciones de rigor y hacemos nuestra oración de inicio, y ALLí VAMOS!
El camino serpentea entre cafetales, unos 5 minutos de ascenso y encontramos un cisterna que abastece la población del vital liquido. La vereda está bien marcada. el ascenso es fuerte en algunos pedacitos pero en especial es amigable, con el zigzag necesario para que las piernas no te exploten.
Algunas de las piedras grandes están cubiertas con un precioso musgo “verdesmeralda”, la vegetación (aparte de los palos de café) no suele ser muy alta, mas se trata de maleza y arbustos, aunque por momentos si se deja ver uno que otro arbolón. Volví a ver muchas hojas que son onduladas, son de unas matas, la forma en que les da la luz hacia parecer que tenía dos tonalidades aunque realmente no era así. Hay hojas Las dentadas de diversos tamaños, hay otras que se parecen mucho a las "Colas de Quetzal", quizá familia aunque no estaría seguro de ello, pues entre mis defectos está el ser lo que llamó un "analfabeta botánico", valga el término ni a palos me entran los nombres y formas de las plantas.
Los ojos vuelven a danzar con el vals de las mariposas, entre éstas las preciosas de centro trasparentes, hay con tonos naranja, otras sólo amarillo; también la que tiene colores similares a la monarca pero en versión "pirata".
A ratos la vereda y las nubes permiten ver pedazos del paisaje. Las arañas también y sus bellas telarañas nos deleitan.
Poco a poco la inclinación va cediendo, una vueltecita para allá, otra para acá, superamos un árbol caído, el cual ha dejado en el suelo también parte de su carga de bulbos de orquídeas, más adelante hay un árbol abrazado por palos parásitos, pero a éste si que lo agarraron con ganas. Tras virar a la izquierda estamos en la horqueta de las cumbres, allí Deysi se apiada de nosotros y hace uno de los escasos descansos (somos humanos!) jajaja. Entonces vamos hacia la derecha (me parece la cumbre que esta un tanto al sur-sureste, aunque como hemos dado más vueltas que en piñata, podría estar algo desorientado. allí comienza una subidita tronadora, la cual nos pondrá en la ante cumbre, donde hay un cuarto abandonado (posiblemente estaba en proyecto algo relacionado con las telecomunicaciones).
La cumbre está a unos metros a la izquierda con respecto al sentido que llevamos. Es grato llegar a una nueva cumbre para muchos. En especial no dejo que el hecho de no poder ver el mar por las nubes se lleve la alegría de compartir con los demás.
Igualmente el tiempo en la cumbre sirve no solo para refaccionar y probar de las deliciosas tortillas que llevaba Lawa desde Barberena, Gabriel y Popeye sacan zanahorias cortadas en tiras, aderezadas de distintas maneras. También estar acá es para convivir. Empezamos a charlar con algunos de los compañeros con los que no habíamos tenido el gusto de hacerlo hasta ahora. En un lado, una impecable Mimi, vestida de blanco, toma su comida con gran elegancia, parecía de esas escenas de película donde la dama cena en un gran restaurante, sólo faltó que pidiera la cuenta.
Las nubes nos dejan ver a ratos una población, que asumo será Moyuta. Luego somos refrescados por una ducha natural. Antes de la reunión de rigor, me aparto unos minutos hacia unas rocas cercanas y allí encuentro una preciosa lagartija de bellos colores, la cola de un azul turquesa impresionante. Luego nos juntamos para expresar en una o pocas palabras lo que para cada uno describe este ascenso., luego la foto de cumbre, otra duchita y a bajar.
Es como un duende
El descenso como siempre más rápido, pasamos por donde estaban las moras, más gente las prueba. Conversamos y como siempre hacemos bromas. En unos minutos recibo una llamada, pero por llevar el teléfono dentro de la riñonera tardo en contestar. Por razones obvias agradezco pero me niego a ir a un concierto de Alux Nahual en la Capital. Con Popeye y Gabriel empezamos a comentar al respecto de dicho grupo que marcó una época en Centroamérica (uno de ellos era, si no recuerdo mal, quien venia tarareando algunas canciones de diversos artistas), al rato le vamos haciendo segunda mientras entona unas de Alux. Al cambiar de música nos sorprenden Rubén y Helga quienes ahora cantan varias canciones también. Así vamos entre la entre risa y risa dándonos cuenta que los autores de las melodías no las escribieron tan fielmente como las cantamos nosotros.
Rubén me señala un insecto para que no me pare en el mismo, así que mejor lo apartamos para que no quede hecho puré pues viene el grueso del grupo atrás.
Unos minutos más y estamos ya haciendo reagrupamiento sobre el cisterna. Al continuar hacia el pueblo, y teniendo ya a la vista el camino donde inicia la vereda, me siento en el suelo de una manera un tanto rápida, luego me vuelvo a incorporar.
Llegamos a donde estaba el bus, algunos casi que solo pasamos de largo y vamos en busca de una tienda. Al cruzar en la esquina próxima hay un grupo de señoras rezando un Avemaría, dentro de una casa. Más adelante se abre una puerta y durante un ratito nuestras vistas corren el riesgo de ser atropelladas, por estar viendo lo que había al cruzar la calle.
Al volver algunos otros recién se van encaminando a las tiendas. Los rezos siguen en la casa de la esquina “debe de ser una novena”-pienso. Bajados todos y reabastecidos, de nuevo tomamos la carretera que nos traerá de nuevo a Jalpatagua, la bella Quesada y finalmente al Progreso, Jutiapa. La tarde está parcialmente nublada. Ya avanzada la tarde llegamos al parque recreativo Municipal de El Progreso, Jutiapa, donde pernoctaremos.
Al agua patosssssss
De nuevo es buscar el mejor lugar para colocar las carpas y luego a relajarse. Arenques (clavijas), toldos, bulla, el infaltable y esto cómo iba? Luego la queja de Palecio sobre mi humilde carpa. Alguien me da una mantis religiosa y la pongo sobre una ramita, se acerca joven Brandon a verla (cuando le iba a decir de que se trataba el me recordó una de las característica de estos insectos, excelente!!) Bien, montado el campamento es de irse algunos a platicar, otros a comer y la mayoría… A LA PISCINAAAAAAAAAAA
Soy de los últimos en meterme al agua, en lugar de unirme al grupo decido quedarme a un costado disfrutando de este placer tan grande y a la vez tan poco habitual para mi, nadar. Veo como pasan de jugar “tenta” (lamentable decirlo pero los vi, muchá. jajaja) a jugar voley ball acuático. Así, entre una cosa y otra vamos pasando el tiempo. Al anochecer tenemos el cielo casi despejado y plagado de estrellas. Con el grupo que permanecemos hasta último momento tratamos de ver alguna estrella fugaz, varios lo logran, yo a lo mucho logro ver un satélite orbitando la tierra.
Luego la mayoría nos reunimos para cenar. Como siempre nos damos gusto con lo que llevamos, si algo nos falta alguien por allí lo llevara. Los huevos ahora no esperan al desayuno, pues saldremos de madrugada, así que nos los cenamos. Luego de eso a las carpas, una que otra conversación (el campamento queda en silencio para la medianoche y no recobrará vida sino hasta las 5:00am, donde habrá el tiempo justo para desmontarlo. Allí vino para mí la tragedia, perdí mi GORRA AZUL, regalo de una de las personas que más quiero en esta vida, mi hermano mayor; y es que muchos no sólo apreciamos las cosas por su utilidad, sino especialmente por lo que representan. No sé si la vuelva a recuperar, lo que si sé es que la gorra la solía llevar sobre mi cabeza, a mi familia la llevo siempre en el corazón.
Tengo unas vacas lecheeeeeeeeeras
Salimos en busca de la carretera que va a Santa Catarina Mita, de pronto nos metemos en un angosto camino asfaltado que está a mano derecha, un tanto empinado al inicio y luego más tendido.. Va hacia San Vicente- Al llegar a Llanos de San Vicente nos detenemos, es una típica serie de casas rurales, ahora levantadas con block. El origen si no estoy mal debe de ser de un grupo familiar extendido. Al sólo bajar del bus se puede notar los trozos de obsidiana en el suelo. Empezamos la espera, desde acá se mira sólo una pequeña parte del volcán. Esperamos un rato no sabemos si tendremos tiempo para comer algo o no.
La familia con la que habla Roberto, que luego nos brindará el almuerzo, nos permite entre otras cosas a los más "curiosos" ir a la casa vecina para observar como ordeñan las vacas. Los que vamos nos deleitamos con aquella acción, que forma parte de la vida diaria de ellos, pero que es tan inusual para nosotros, algunos del grupo después beberán de esta leche. Entre todos, Deysi se decide a intentar ordeñar una vaca, la señora le cede el lugar y le explica cómo hacerlo. Con mucha humanidad intenta y logra sacar algo de leche, pero le da miedo lastimar al animal, por lo que le deja el lugar nuevamente a la señora. Entre charla nos comenta que lo que mas le cansa es estar hincada mientras lo hace, a lo que Deysi le sugiere conseguirse un banquito - Es cierto, le diré a mi hijo que me construya uno- da por respuesta
Ojo, no piensa en irlo a comprar, sino en tomar madera y pedirle a su hijo que se la haga. No es como en las ciudades donde lo más común es ir a buscar a un almacén.
Vemos como manejan a los chivitos y a las vacas, uno de los chivos al parecer hace un berrinche y termina en el suelo... Bueno, volvemos con los demás, solicitamos acceso al baño, una de las grandes diferencias que hay con la Jutiapa que conociera en mi niñez está en que los baños de casas como estas ahora ya tienen un baño (inodoro) formal hasta con azulejos, ya no es de ir entre la milpa o en el mejor de los casos a la letrina donde sentías diversos "perjumenes". Son cambios positivos en materia de salud.
Gansos, vacas, pollos, gallinas, chompipes, cochitos y los infaltables chuchos, todo en casa. Un picop viejo sirve de nido a algunas de las aves. hay un montón de envases plásticos de varios galones atados en el techo del área donde está el picop, es posible verlos en muchos lados, el Inge. Gálvez me dará sus teorías luego, aunque no las confirmé con los lugareños.
Volvemos con los demás. Allí nos enteramos de que estaremos el tiempo que le tome a don Héctor el terminar de ordeñar las vacas. Así que es cuestión de sacar algo liviano de comer y hacerle entrada, Olojondro nos comparte de una barrita de queso, la súper Sio, con todo y sus camotes, toma algo que no se como describir (viene en sobrecitos) con consistencia algo gelatinosa.
Hermosura intrínseca e imbatible.
Hay ciertas cosas que no cambiarán.
Su garbo al tomar sus alimentos en la montaña,
El hecho de tener que vérselas en muchas cosas con complicaciones mayores que los hombres,
La sabiduría y rica conversación
Y hasta sus momentos de catarsis.
La fortaleza y el espíritu de aventura.
Su forma delicada de colocarse un rompevientos,
el andar generalmente más cauto y su paso delicado.
La sensualidad al atarse el cabello aun teniendo encima una mochila de varias decenas de libras de peso,
o lo delirante de ver sus cabellos sueltos flotando al viento.
Su forma de pelas una naranja y cortar los gajos.
La mano dulce que te ayuda a superar algún obstáculo
Y la infaltable acción de sacar un espejo y darle unos toques a las pestañas y al área de los ojos antes, de subir a un volcán..
Feminidad total, la elegancia y hermosura en su máxima expresión;
antes, durante y después de afrontar un reto, por más rudas que quieran parecer,
por más rápidas que sean, por mucho que esté inclinado el ascenso,
por mucho calor o frió que haga…
Los elementos podrán intentar cambiar muchas cosas, pero la esencia se mantiene;
mujeres, Oh, mujeres tan divinas! - como dice la canción.
Los dominios de Can (Kan o Chan)
“Cuando estés en el campo y mires una serpiente, si no la podés evitar, dale un varejonazo rápido y contundente para matarla, jamar le des con un machete porque la cabeza aun podría avanzar y morderte” – fue un sabio consejo que escuche muchas veces de mi padre pero no había podido comprobar.
Lawa me presta un su pañuelo para evitar que por las condiciones propias del lugar me de un golpe de calor. Empezamos el movimiento, este la vegetación a veces rala y a veces espesa. Aunque generalmente de poca altura. Vamos caminando entre los senderos tapizados de obsidiana. Como siempre las conversaciones empiezan a hacer mas ameno el ascenso. Al principio con Lawa, Arelis, Brandon, súper Sio. Luego alternaremos buena parte con los infaltables Popeye y, Palecio y Gabriel. Voy fascinado viendo este mar de obsidiana, que de hecho es lo que le da el nombre al volcán Ixtepeque (en náhuatl resultaría ser algo así como “Cerro de Obsidiana”) entre las cosas que me entretienen está el intentar encontrar obsidiana roja, aunque no lo lograré esta vez.
Vamos entre subidas y bajadas, no en balde los conocedores dicen que este es un volcán tipo “domos de lava”. En cierto momento, luego de una arboleda, llegamos a donde don Héctor tiene sus milpas. Como pasamos por varios cercos, pues es común pasar la vos entre risa y risa que “el último cierra la puerta”. Encontramos en el camino unas plantas similares a la sábila, unas que llegan fácilmente a los dos metros de altura. Noto que acá no hay tanta variedad de insectos como en el Moyuta, son escasas las mariposas, eso si hay una libélula que da una tonalidad como azul, mariposas amarillas, una café con “chibolitas” blancas; son pocas también las flores que percibo, lo que si hay en buena cantidad es arbustos espinosos, muchos la pasamos un tanto mal con esto por ratitos, pues aunque llevemos playera de manga larga hay algunas grandes. Hay partes con como cañitas de bambú.
Tomamos un tramo largo de camino hacia la izquierda, pasaremos por un grupo de coníferas, luego tendremos que dar vuelta sobre nuestros pasos, no nos perdimos, sencillamente fuimos a admirar un árbol de donde han estado sacando ocote. Ya en la otra dirección logramos salir a un claro con zacatal en el cual ya se miran los últimos domos, a nuestras espaldas está el Suchitán. Cruzamos el claro levemente hacia la izquierda y luego el camino bordea el domo por la derecha. Así, llegamos a un punto donde tenemos a la vista el área del volcán chingo, un lago (posiblemente el de Guija), también es posible apreciar una multitud de conitos volcánicos regados por los valles. Se ven también algunas poblaciones. Vemos un ave que algunos dicen que es un halcón pero otros dicen que no, que es muy grande para serlo.
Seguimos el camino en dirección opuesta a donde se mira el Chingo, sorteando la maleza, en unos minutos estamos en la cumbre. Al llegar entre los movimientos para felicitar a los demás vemos que algunos está como en un circulo, al acercarme veo sobre el mojón de cemento que marca la cumbre la mitad trasera de una cascabel, debe de llevar unos minutos de haber sido cortada, aun se mueve y continuará haciéndolo por unos minutos más. Al preguntar dónde estaba la cabeza, me responden que la parte delantera de la cascabel había escapado entre la maleza. Allí recuerdo las sabias palabras que escuche casi cada fin de semana durante mi niñez. Me entero que Mario, aparte de haber sido uno de los que picaran unas avispas y un poco antes estuvo cerca de ser mordido por la cascabel. Yo no podría decir nada respecto a porqué don Héctor prefirió cortarla, pues no estuve allí, lo importante es que Mario esta vivito y coleando, en unos minutos volverá a estar tan jovial como lo conocemos. Karla y Oscar, entre otros le dan medicamentos.
Lo anterior hace mella en la moral de algunos, otros los intentamos calmar cuando en voz baja nos hacen comentarios tipo “vos, ya me dio miedo lo de las serpientes”; no es que no consideremos que hay pasibilidad de que haya más en la ruta por la que hemos venido y por donde a la vez tendremos que bajar, pero la única forma de salir es por allí y hay que tratar de ir calmados.
Comemos al fin, entre las coníferas de la cumbre, en el grupito en que estaba descansado parece haberse ido el apetito, yo si soy de los que le entramos a lo que traemos “comer es reponer energías” o sea cosa de procedimiento. En unos minutos tendremos una reunión quizá un cacho tensa pero a la vez necesaria, para que todos evaluemos ciertas cosas, incluso quienes hablaron. Un punto muy grato es cuando Carol nos pone en altavoz una llamada con Edgar Rivera, quien está en recuperación.
Un viaje en el tiempo
Si ya tuvimos un encuentro con Can, esperemos no llevar de recuerdo a Pech (la garrapata). Unos metros debajo de la cumbre hay unos bambúes, entonces Andrea (la otra colocha con ese nombre) me indica que este tipo de planta le gusta a las serpientes. Unos minutos después voy sólo entre los zacatales, trato de imaginar las condiciones que existían en el área cuando salió el mineraloide que tanto me ha fascinado siempre, y que a la vez ha sido parte del avance la de la humanidad desde tiempos remotos.
Andamos por el que se considera como el depósito más grande de obsidiana en estas latitudes. Algunos autores indican que desde acá se transportaba a toda Mesoamérica para diversos usos, desde caseros hasta militares incluso los quirúrgicos en tiempos prehispánicos. Cómo sería el comercio, viendo desde su extracción, pasando por el “empacado”, su transporte, transformación y trueque (o venta)”? Cuáles grupos étnicos la extraían, su organización social, las condiciones dadas y a quién le quedaban las ganancias? En qué consistían esas ganancias? Cuántas luchas se darían por el control de este recurso?
Logramos apreciar lo que se dice del corte, si es paralelo se mira negra, si es perpendicular se mira más gris. Herirme un dedo la mano accidentalmente al recoger un trozo resulta ser el repetir una acción que desde la edad de piedra hemos hecho los humanos; no por eso duele menos, pero…
Todos vamos con relativo cuidado, pues una caída acá sería no sólo golpearse, sino también podríamos cortarnos. Hacemos reagrupamientos más constantes, para que nadie vaya a ver el árbol de ocote.
Aún entre las bromas, sigo intentando imaginar cómo era la vegetación antes (necio, pues). Cruzamos el claro que está antes de la cumbre, seguimos por los arbustos, pasamos a la par de las plantas que parecen sábila, llegamos a las milpas, “el último cierra”, luego de eso llegamos al camino que nos conducirá de vuelta a las casa. Vamos ligerito pues nos han caído algunas gotas e lluvia durante la bajada. Entramos a una tienda y a es tomar gaseosas de sabores. Samayoa ya le puede poner otras dos rayitas a su bastón.
Gajes del oficio
Poco a poco vamos regresando al bus, guardamos las mochilas, nos medio cambiamos, entramos al patio de la casa vecina y nos sentaos a la mesa y empezamos a comer. Algunos un reparador caldo de gallina, otros una carnita asada. Recapitulamos los puntos que mas nos gustaron de la jornada. Pagamos y empezamos a arreglar las cosas para el retorno.
Como ya es tradición, en cierto momento nos juntamos para la entrega de diplomas, misma que hoy no será dentro del bus, sino alrededor de la gran mesa que nos pusieron los anfitriones.
Se designa a Rubén para hacer la entrega de diplomas, quien como todo abogado que se precie, le endosa al resto del grupo la responsabilidad; jajaja así que entre risas y risas terminamos todos participando.
Luego es de agradecer a los anfitriones, y abordar el bus. Hemos estado no sólo en dos cumbres, sino en dos maravillosos lugares. Le echamos una última mirada al Ixtepeque, y vamos viendo como película en reversa el viaje a nuestras respectivas casas, lo cual no sería lo mismo si no fuera por las gratas conversaciones.
En la montaña solo hay una ruta….hasta la cumbre!